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INCLUSIÓN LABORAL DE MUJERES CON DISCAPACIDAD

INCLUSIÓN LABORAL DE MUJERES CON DISCAPACIDAD

 

Poderosa es el primer proyecto de incidencia política de Juntos, que busca el empoderamiento de las mujeres con discapacidad, la visibilización de la problemática y el impulso de acciones para el diseño de una política pública con perspectiva de género y discapacidad, pero ¿cómo surgió PodeRosa?

Desde 2013, comenzamos el programa de inclusión laboral en Juntos y conforme pasó el tiempo nos dimos cuenta que sólo el 20% de las personas con discapacidad beneficiadas por el área de inclusión laboral son mujeres, investigamos y llegamos a la conclusión de que el tema de género las atraviesa aún más, aunado a las barreras que la sociedad impone cuando se vive con una discapacidad. En esta ocasión invité a Erika Virginia Ramírez Villanueva, quien es Gerente de Inclusión Laboral en Juntos A.C. para que nos comparta su experiencia con las mujeres con discapacidad que se han acercado con la intención de trabajar y los retos a los que se enfrentan día a día. Erika, es psicóloga y tiene muchísima experiencia en Responsabilidad Social Empresarial y personas con discapacidad, así que quién mejor que ella para iluminar el panorama.

Paty Salazar, Coordinadora de Poderosa

Me encantaría compartir con ustedes las historias de las 146 mujeres con discapacidad que han participado en nuestro programa de capacitación para el trabajo Empodera, o mejor aún, las de 73 mujeres que han sido colocadas en un empleo, quienes han sorprendido en sus trabajos al demostrar que son capaces y eficientes para desempeñar las tareas, desmontando estereotipos y prejuicios; transformando no solo sus vidas, sino también las de aquellas personas con las que comparten día a día.

Sin embargo, quiero contarles la historia de Fátima Guadalupe, una joven con discapacidad motriz, que se acercó en su silla de ruedas al módulo de Juntos para pedir información sobre Empodera. Su expresión lo decía todo, la emoción de ver delante de ella la posibilidad de aprender, conocer otras personas, hacer nuevos amigos, descubrir sus fortalezas y alcanzar un sueño: ¡trabajar! “¿de verdad es posible? ¿habrá oportunidades para mí? ¿crees que pueda lograrlo?” fueron las primeras preguntas que me hizo. Contagiada por esa emoción, la invité para que alguna de mis compañeras la entrevistara y le brindara toda la información del diplomado. Mientras tanto, me acerqué a la mamá (quien también presenta una discapacidad y utiliza silla de ruedas para desplazarse) haciéndole la invitación a participar en Empodera junto a su hija. Sin embargo, la visión de su madre era completamente distinta, aunque inicialmente mostró interés, su ilusión se desvaneció al ser interrumpida nuestra conversación por su hijo. El hermano de Fátima no comprendía por qué el interés de ambas en trabajar, quizás bajo la perspectiva de protección, para él “es mejor que se queden en casa”, “con mi trabajo es suficiente para los tres”, “no tienen que trabajar”. Acto seguido se despidieron y, aunque pudimos invitar a Fátima para que curse el diplomado, no tengo la certeza que acuda a la capacitación.

Este encuentro me hizo reflexionar…¿Qué pasa con aquellas mujeres que sueñan con estas oportunidades y no llegan a vivir la experiencia? Según cifras del INEGI, aunque el porcentaje general de discapacidad en hombres y mujeres es el mismo, en el particular de las mujeres tienen menor acceso a servicios de salud y educación, lo que limita sus oportunidades para trabajar.

En el programa de Inclusión Laboral que desarrollamos en Juntos, el 20% de las personas beneficiadas son mujeres, de las cuales sólo la mitad acceden a un empleo formal. Esto se debe a distintas barreras y prejuicios asociados a la discapacidad y al ser mujer. Al conocer las diferentes historias, encontramos matices parecidos, expresan repetidamente que se han sentido discriminadas, rechazadas e incluso maltratadas. En general muestran dificultades que se encuentran ligadas a estereotipos sociales y relacionados con el género como el que la mujer debe atender las actividades del hogar; así como otras derivadas de mitos sobre las personas con discapacidad, tienen un menor rendimiento, mayores errores en la tarea, etc. Dichos prejuicios también se ven en otros contextos como el familiar, educativo, social y de salud; formando las barreras que repercuten en su participación plena como miembros activos de la sociedad y entes de derechos.

Tener un empleo es considerado como un factor clave para la inclusión social y laboral de las personas con discapacidad y en especial de las mujeres; porque a través del mismo, además de obtener recursos económicos, puede conseguir un adecuado desarrollo y autonomía personal, a la vez que favorece su proceso de socialización a través del establecimiento de redes sociales.

En un mundo donde cada vez más se hace necesario abordar las desigualdades, las organizaciones líderes en México consideran que la diversidad e inclusión deben convertirse en una estrategia integrada a la cultura corporativa y su propuesta de valor, tanto al empleado como a la sociedad, generando un entorno donde todas las personas se sientan involucradas, respetadas y valoradas. Si tenemos en cuenta que el 5% de la población presenta alguna discapacidad y que un 82% de ellas viven por debajo de la línea de la pobreza, resulta necesario generar acciones en torno a la inclusión laboral de personas con discapacidad, teniendo siempre presente la perspectiva de género.

La inclusión, no es sólo hablar y preocuparse porque personas con discapacidad puedan trabajar, se trata de preocuparse lo suficiente como para hacer algo al respecto, se trata de ocuparse, de ser accesibles, no es sólo el pensar, es hacer.

¿Qué pasaría si trabajamos en ambientes inclusivos?

Considerando que pasamos un tercio de nuestra vida en el trabajo ¿Que tal si lo hacemos con personas con discapacidad? Creo que fuera del trabajo, el mundo sería un lugar muy diferente. Eso puede ocurrir si las empresas y sus trabajadores se mantienen firmes y con determinación sobre la diversidad e inclusión. Imagínate un lugar donde personas con discapacidad, puedan ir ascendiendo en todos los niveles de la empresa; donde se sientan seguras porque se espera que acudan al trabajo todos los días, siendo ellas mismas, porque la diferencia que aportan es reconocida y respetada. Imagina un lugar donde lo que aprendemos sobre la discapacidad en el trabajo, realmente transforme lo que pensamos, hacemos y decimos fuera de él. Imagina ¿qué pasaría si en tan sólo unos meses Fátima cumple su sueño de trabajar y valerse por sí misma? Eso es lo que ocurriría si todos trabajamos juntos en pro de la diversidad, eso es lo que pasaría si dejáramos de pedir que suceda un cambio y de hecho nos movemos para lograrlo ¡Ese es el poder de la inclusión!

 

Erika Virginia Ramírez Villanueva
Gerente de Inclusión Laboral en Juntos A.C.

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